
Esta es mi historia:
Mi nombre es Roberto. Tenía apenas 18 años cuando probé por primera vez lo que un día seria mi muerte. Estudiaba en la Escuela de Economía, mis padres esperaban demasiado de mí…
Mis amigos hablaban de la mejor medicina para el estrés, mis notas no me estaban resultando como esperaba, un día me invitaron a estudiar como solíamos hacer, lo que no me esperaba era que me ofrecieran de la famosa “medicina” de la que hablaban, dude en aceptarla pero me convencieron. Dijeron que sería la solución a nuestros problemas; Luis, el mayor de de mis amigos al parecer ya tenía experiencia encendió un cigarrillo y aplico la famosa “medicina”.
Paco, René, y yo no nos imaginamos lo que sucedería todo parecía estar mejor, cambiamos totalmente, estábamos activos, felices, todo daba vueltas en mi cabeza. Nos pusimos a estudiar en un estado fuera de lo normal, no lo puedo negar me gusto mucho.
Me acostumbre a estudiar así, mas que esa semana estaba en parciales y vi que me estaba causando buenos efectos. Todos los días me gastaba el triple de lo que acostumbraba en mi “medicina”.
Mis padres ya no me querían dar más dinero, se preguntaban ¿en que gastaba tanto? Yo simplemente no sabía que decir, solo se me ocurría que en material para la universidad.
Todo se salió de control, ya me había convertido en un adicto sin darme cuenta empecé a vender mis cosas de valor pero esto me duro poco, al verme desesperado no me quedo de otra que seguir con las de mi madre, vendí sus cosas más valiosas. Mis padre ya notaban mi mal estado físico como ojos rojos, había bajado unas libras, ellos ya sospechaban que algo me ocurría. Un día mi madre quería obsequiarle unos artes a mi hermana y simplemente no los encontró, faltaban muchas de sus joyas. En mi mente pasaba que había llegado mi día, el día que ellos sabrían realmente lo que yo era, llamaron a la policía al ver que no era lo único que faltaba.
La policía tomo pruebas de huellas, no habían otras que las de mi madre y las mias, no lo podían creer. ¡Su hijo les estaba robando! Me dio mucha vergüenza, además en el jardín la policía encontró las plantas que yo sembraba y que mis padres por ignorancia no sabían de que se trataban. Me tenían de detener, pero mis padres con todo su fiel amor pagaron para que no me detuvieran, me ofrecieron rehabilitación, yo no pude aceptarlo ya que sabía que no soportaría eso.
¿A que había llegado yo? ¿En qué me había convertido? Busque ayuda con los que decían ser mis amigos, me ofrecieron ayuda para salir del país y hacer una nueva vida. El papa de René me hizo un préstamo y me envió donde una amiga suya a Colombia. Yo en realidad lo único que buscaba era encontrar la manera de mantener mi vicio.
No puedo negar que al principio me dio miedo llegar sin nada ni nadie, pero quería huir. Llegando a Colombia alquile una habitación de las más baratas en un edificio en el que vivía gente pobre, estaba descuidado y sucio en el que me esperaba la amiga del señor, era muy amable y bonita, piel blanca, pelo largo, ojos claros, se llamaba Fátima Benavides alias la “Puchunga” me invito a pasar a su habitación, estaba limpia, con buenos muebles se veía que vivía bien. Me ofreció empleo que era lo que yo necesitaba, me dijo: pasa a la cocina ahí está lo que vos necesitas. Yo admirado me encontré con algo increíble ¡Ella producía droga y la vendía! Sin pensarlo acepte.
Al pasar los meses me hice casi experto en la venta de drogas, la Puchunga tenía su gente poco a poco se la fui ganando con trampas, le hice creer que entre ella y yo podía existir algo más que negocios, ella se creía muy inteligente pero ni noto que al pasar el tiempo ya me había apoderado de su negocio y de su vida.
Tiempo después noto que me estaba haciendo muy poderoso, ella ya se sentía menos y eso no le gusto ya que siempre fue muy orgullosa e impotente, ya solo pasábamos discutiendo por todo, en una de nuestras discusiones la Puchunga se altero tanto que me intento acuchillar, era tan boba que no se le ocurrió que yo tenía más fuerza que ella y sin darme cuenta yo la acuchille a ella. Y se me armo... en pocos minutos cayo la policía, yo no tenía fuerzas para huir. ¡Una vez más! Me encerraron, todo lo que había logrado en tanto tiempo se me fue a la basura.
Mi mala vida termino en lo peor, hoy volví al principio de mi ruina. No tengo nada ni a nadie, encima tengo que pagar 20 años de prisión por imbécil. De lo único que tengo sed y es mi esperanza de vida es ¡de marihuana! Que me corra por mis venas y me haga olvidar mis penas.
me admiras Cecy, estan super tus historias =)
ResponderEliminarjajaja graciias :)
ResponderEliminartus poemas me gustan, pero tu historia me gusta aun MÁS!!! me gusta que tomaste un hecho muy frecuente en la sociedad, pero lo presentaste de una manera interesante que me tuvo siempre queriendo saber qué seguía. ¡Felicidades! :)
ResponderEliminarjajaja hey muchas gracias :)
ResponderEliminarel tuyo tambien esta supeerr chivo....
Felicidades por tu blog, Cecy. Espero que hayás aprendido mucho de él durante todo el ciclo. Y ojalá lo sigás actualizando. Felices vacaciones.
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